miércoles, 16 de mayo de 2012

La primera vez.


Verano de 1986, el país entero se desvivía por la Selección Nacional, pensando que esta vez podría llegar a más, jugó grandes partidos y perdió como siempre, ahora en cuartos de final ante Alemania y en penaltis.
 Estaba a escasos días de ingresar a la Primaria, mientras tanto me divertía con los amigos de la colonia. Ernesto el mas humilde de todos, la fachada de su casa era a base de piedras, no había puerta y los mas vivaces siempre decían –“vele a tocar al neto pa´ que salga a jugar”- , el Fidel que vivía a unos metros del canal Río de los Remedios, -hoy convertido en periférico- a él lo conocí el día en que mi mamá me mandó a tirar la basura al canal,-¡ándale ve a tirar el bote y las bolsas!-, cuando a penas las arrojaba a la subida de éste, se asomó el Fidel y me dice -¡no seas pinche cochino, no vengas a tirar tu basura aquí!, que eres dueño del canal –le contesté-, se me acercó, me dio una patada y me empujo hacia las montañas de basura, -caí-, él se metió corriendo a su casa, -tomé una bolsa de papeles con mierda y la eché por encima de su barda, salió a corretearme, pero yo, ya había corrido más rápido que Carl Lewis. Mas tarde nos reunimos todos los camaradas para jugar al fútbol: “los popeyes Juan y Luis, -les decían así porque estaban re-bien quijadones-, el Ernesto, el Zapata, el Enrique, el Fidel,-que después del incidente nos hicimos grandes amigos-, el Ramiro, -siempre nos burlábamos todos por su joroba y los apodos no sobraban; el camellito, bochito, chipote, luego hasta se ponían una pelota entre la espalda y la camiseta y decían “ miren soy el pinche wey del Ramiro”-, Jorge un orejón y por último yo Xabier, fuimos todos amigos, unos mas con otros, -dejé de verlos cuando me mudé del barrio a la edad de 16 años-.

 Lunes por la mañana, -escuchaba música en Radio Capital estación de A:M: donde transmitían Rock clásico y del actual, -de ese entones- me fascinaban los Beatles sobre todo Lennon, tres años mas tarde me enteraría que lo habían asesinado el año en que nací.

 1:40. Vámonos hijo no sea que vallan a cerrar la escuela, -mi mamá me llevaba a paso rápido porque vivíamos como a quince cuadras de la primaria “Gertrudis Bocanegra”, a la vuelta de la casa me encontré a la lupita, niña que me gustaba en el preescolar pero la acabé odiando al escuchar decir: -ese xabier ni me gusta, es moreno y chaparro-, ¡que esperaba la mugrosa que a la edad de seis años tuviera una gran altura!, me dejó de gustar aparte por lo que dijo y también porque en día tenía un moco a la vista, se me hizo la niña mas cochina y fea del mundo, -mi mamá saludó a la mamá de la lupita, ella me quiso sonreírme pero la ignoré por mocosa y por lo del rechazo.

 Entré a la escuela y vaya sorpresa, niños y niñas mas grandes que yo, tuve miedo pero fui a donde mi grupo. Un niño como de cuarto grado voltea a verme y dice –“miren al niño charro con sus botas de piporro”-, le contesté envalentonado, no sé porque, ¡están nuevos, no como tus zapatos rotos!, -¡ya sacaste boleto!-, se acercó queriéndome pegar, sólo cerré los ojos esperando el chingadazo, -deja al moco en paz-, dijo uno que le decían el tanque, un gordo gordo de 1.80 de alto, -el bravucón sólo calló-, -¡no hay pedo morro yo te hago esquina!-, no le entendí pero le di las gracias.

 En el salón de clases, la profesora hizo que nos sentáramos por parejas, por alguna cuestión me senté solo en la última fila y hasta atrás. –Margarita nos habló sobre la vida en la primaria, la distribución del tiempo, el recreo, -una señora interrumpió llevaba a su hija con retrazo, -¡maestra, maestra!, aquí traigo a mi niña, le asignaron este grupo, -esta bien que pase-, dinos tu nombre y adonde vives-, me llamo Laura y vivo acá a la vuelta,- ¡siéntate allá con tu compañero!. –La vi acercarse, ¡ahhh!, la niña mas hermosa que jamás había visto en mi larga vida de seis años, -preciosa-, no como la mocosa de la lupita, ni como las feitas del salón,- se sentó a mi lado, olía a flores de primavera y su cabello húmedo como el rocío de las mañanas, -¿cómo te llamas?-, mmmm xabier, y tú, Laura. -¿quieres ser mi amigo? Y me tomo de la mano-, mi corazón comenzó a latir que hasta se me quería salir por la boca o eran ganas de vomitar, el cuerpo se quedó tieso, tieso, una parte por la timidez y otra por la erección que sentí cuando me tocó la mano, -así es tuve una erección que llegué a pensar que trozaría mis calzoncillos rayados, afortunadamente no pasó a mayores, a lo menos me duró duro hasta en final de día -.

 Martes. Ese día, casi todos se cambiaron de lugar, niños con niños y niñas con niñas, -David me habló ¡siéntate conmigo!, ¡no,no,no!, espero a alguien, llego Laura y se sentó con la Nancy, -una niña fea, a ella le pusieron la nopalitos, esto porque su mamá vendía verduras en el mercado-, sin embargo se levantó de inmediato de con la horrenda esa, para sentarse conmigo.
 Llego la hora del recreo y fui a gastar los 100$ que me daban para gastar, compré un taco de papa y un boing de tamarindo, -¿me invitas? Y te doy de mis churritos - sí, le contesté a Laura-, jugamos y platicamos durante el recreo y en la clase.
 Pasaba casi todo el tiempo con Laura, había ocasiones que por estar a su lado, tenía que jugar con otras niñas, a pesar de escuchar comentarios de otros niños, -¡mira es niña porque se junta con ellas!- , lo que no sabían los imbéciles que sólo lo hacía por la mujercita mas linda de toda la escuela.

 No sé cuantos días, semanas, pasé junto a Laura, para mí fueron como diez millones de años, con ocho meses, catorce días y veintitrés horas de alegría. Todos los compañeros del salón creían que éramos novios, - una vez la greñuda de la Nancy le preguntó ¿apoco te gusta?, si esta re-feo, - es mi novio, respondió Laura, es esta ocasión tuve una erección del tamaño del sistema solar, -me dio la mano y me dijo,”tienes unas manos bien suavecitas”-, (hasta el día de hoy tengo unas manos envidiables), - nos vemos el lunes xabier-, sí Laura, hasta pronto.

 En casa, quise contarles de mi amor, pero pensé que no me creerían o que se burlarían de mí, así que no comenté nada al respecto. Salí a la calle a buscar a los camaradas, -estábamos todos reunidos, les iba a contar y se acercó el toño, era el mas grande de todos, tendría como trece o catorce años, ¡ya tengo novia en la escuela!, -que vas a tener novia, pendejo, si todavía ni se te a de parar-, ¡cállate pinche toño!, sí a ti las viejas ni te pelan por pinche indio que estas, -escuchen al niño galán, que anda de novio-, todos rieron. No me importo, tenía una gran ilusión dentro de mí.



 Fue un fin de semana muy largo, -ansiaba porque empezaran las clases-. Se entonaba el Himno a la Bandera y Laura no estaba formada en el grupo. –miré adonde llegan los de retrazo, pero no la vi-, inicio la clase y termino el día, Laura nunca se apareció.
 -¿cómo te fue hijo?, bien, respondí sin muchas ganas, no me preocupe demasiado, mañana la volveré a ver.

 Era jueves y nada, le pregunté a la maestra por ella -¡no sé, no me han avisado nada, a lo mejor hasta mañana!. Pasó la semana y no había noticias de Laura.
 Me sentía triste y preocupado al no saber nada de ella. En casa preguntaban, que si pasaba algo conmigo, que me veían diferente, -como les iba a decir que a la niña que mas amo no se apareció en la escuela, además les causaría gracia que estuviera enamorado, así que oculté mis sentimientos y no solté nada.

 Jugaba fútbol con los camaradas de la cuadra, y otra vez el wey del toño, -que pasó pinche escuincle, ya le agarraste una nalga a tu vieja o ya le diste un beso mientras le tocabas una pierna-, ¡cállate pendejo! No permito que hables de mi Dama, -no sé donde había escuchado la palabra pero me gustó su sonido al pronunciarla-, me dio un coco, no seas mamón pinche xabier.

 Nueva semana y tampoco ni sus luces, -como nunca falta un impertinente-. –a lo mejor se cambió de escuela, o la atropellaron, o se perdió, a lo mejor se aburrió de ser novia del xabier, dijo la rodillas mugrosas de la Nancy-, ella no sería capaz de eso, -contesté exaltado- y si se hubiera cambiado, por lo menos me lo habría dicho.

 Todas las noches soñaba y lloraba por Laura, mi vida no tenía sentido sin ella, siempre que entraba alguien al salón, pensaba que podría ser su silueta, al siguiente día la ilusión de verla nuevamente en el grupo y sentada a mi lado tocando mi mano, lo que hubiera dado por mirar con toda y con ninguna malicia sus calzones blancos con florecitas.




 Perdí la cuenta, habrían pasado semanas, meses o siglos, -no lo sé-, aún quedaba alguna vela de esperanza y mí más anhelado sueño se volvió realidad, -Laura estaba en la azotea de su casa, mandando besos y saludos hacia donde estaba el grupo, a lo mejor a sus amigas, a la maestra, yo los tomé para mí, la alegría volvió a mi corazón, también respondí a los saludos y los besos y al miserable adiós.
 A Laura la cambiaron al turno matutino y nunca la volví a ver.


Txabi R. Almanza.

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