miércoles, 18 de marzo de 2015

Los montes de su cuerpo.

Una tarde febril de Marzo se encontraba trabajando en un nuevo cuadro, observando la tarde cual pájaro en su nido seguro. Y no pintaba precisamente la tarde, sino el reflejo de ella.
¿Cómo se veía ella a la luz del atardecer? Casi anocheciendo ante un rojizo que huye despacio pues sabe su final inminente.
Se veían tan firme frente a ese espejo fiel testigo del amor propio, veía sus piernas con celulitis simulando montes y protuberancias del mismo, con sus pequeños árboles que están a punto de reverdecer, con las piernas abiertas y sin ropa, era como si entre aquellos dos enormes montes guardaran en medio un anoche soberbio, lleno de ebriedad para quien quisiera descubrirlo.
Lleno de estrellas, constelaciones, galaxias, universos esperando ser descubiertos por un valiente que no tuviese prejuicios ante la diversidad de cuerpos.
Veía sus pechos, no tan grandes pero tampoco tan pequeños, con sus dos pezones erectos, con el aire dándoles directo, los vio como flores en el mero apogeo de la primavera, suasves al contacto de la yema de los dedos o la punta de la lengua, de ese mismo ser que pueda ser nagual, convertirse en abeja para extraer su polen. Hacer de ella miel caliente y que sepa saborear sabiendo que ella es especial.
Luego miro su enorme panza con rastros de estías y un poco de celulitis, sin querer ella era todo naturaleza salvaje, su panza parecía un campo; que esperaba florecer, un campo donde había ocurrido una guerra durante casi toda su vida, una dura guerra entre lo que ella quería y lo que la gente quería de ella.
Las cicatrices eran esas pequeñas marcas a las que hacía tiempo atrás le temía pero ahoraba, cicatrices de guerra que ahora eran camino para unos dedos dulces, manos de un compañero de guerra, lucha y batalla que quisiera escalarlas, de nuevo volverse nagual, león, lobo y a la vez mariposa que quisiera besarlas, abrazarlas con toda la fuerza necesaria para derretir a una flor que apenas se estaba descubriendo y en un gemido de placer volverla a hacer.
Se observo de nuevo, casi anochecía. Ella era todo arte y no fue necesario ni un poco de pintura para darse cuenta, sólo un bello atardecer y saber que no podía desperdiciarse en tantas cosas que no importan.
Ella sabe que hay un nagual que la está esperando...



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