domingo, 24 de febrero de 2013

Itzia.


¿De quién van las acciones? Cuando me siento vacía y poco útil en esta sociedad enferma e hipócrita. Decadente, donde a la mujer se le trata diferente por tener libertad de expresión. Me queda claro que somos diferentes mundos andando en un mundo desigual. Y aquí me ves pensando en ello mientras mis labios sujetan un cigarrillo y al lado mío está la gente subnormal paseándose como si nada cuando el mundo se cae a pedazos.
Pensaba en lo rutinaria que es la vida aún cuando te enamoras y haces cosas que nunca hiciste. La rutina que viene marcada con la vida ya desde el momento de nacer sabiendo que tienes que morir y a eso viniste. La rutina comienza desde la vida, increíble pero cierto.
Estoy enojada por la manera en que la gente camina por la plaza. Y debo reconocer que me enojan más los enamorados. ¿Será porque no lo estoy ni lo he estado? O será que he recorrido los más desventurados caminos y no he querido estar en ninguno y regreso como llegué desde un principio: sola.
A veces me pongo a pensar en que esa estúpida rutina me gustaba. Acariciar suavemente los segundos de mi reloj mientras espero emocionada el timbrado de mi corazón anhelando que toquen a la puerta. Y cuando vaya abrir gritar de emoción porque llego la persona amada a verme y tomar un café o una sesión repetida de sexo condicional. Que surgiría después de tantos puñados de besos y tantos de caricias y seríamos la mujer y el hombre perfecto tocando el cielo en un segundo que se alargaría a varios minutos donde traspasaríamos los límites de todo ser humano.
Más sin en cambio vuelvo a la realidad en esta misma plaza donde todo el mundo se reúne para presumir de su amor a tantos hijos de puta como yo. Y es que yo estoy tan acostumbrada a los amores vacíos y de una sola noche. De una sesión de sexo en medio de la calle. Me acostumbré a los besos calientes en medio de la gente sin importar nada. A los amores presurosos y folladas a escondidas. Y sostener el aliento y los gemidos de placer porque nos podrían descubrir en plenas pasiones carnales. A falta de ese amor verdadero que todos mencionan en sus poesías y cuentos yo me voy por amores irreales. De esos que sólo existen en hoteles de paso y alcohol barato.
Querer encubrir una falta amorosa por una superficial cargada de raciones de semen. Aunque verdaderamente no sé cual es lo bueno y lo malo, puedo reconocer que extraño todas esas costumbres de amores a fuego lento.  Esa pequeña costumbre que nos llenaba de alegría cuando nos tomaban de la mano y nos daban un beso a mitad de la calle y un susurro diciendo “te quiero”. Pero “Shhh” que quizás hoy sea día de que alguien pueda leer mis pensamientos e invitarme una copa y llevarme a algún sitio fuera de este infierno.
Alguien con quién desquitar mis pensamientos más obscenos y quemar el amor en un cuarto poco alumbrado a la deriva de mi destrucción y explotar en muchos orgasmos que pinten por un momento una vida menos absurda.
En esta plaza espero encontrar alguien con el mismo sentimiento que yo, incluso podría terminar enamorándome de su sexo y convertirnos en amantes condicionales.
Incluso podría… ¡No! Que va, pero por lo menos espero tener por hoy unos brazos que me mimen, unos ojos que miren mis secretos y una lengua que los saboreé para terminar en la misma rutina y en esas mismas acciones que dependen de cada ser y en ese mismo cigarrillo…



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