lunes, 9 de diciembre de 2013

Vian: Bajo tus alas.

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"Hay vida bajo tus mutiladas alas de colibrí..."

Le repetía una y mil veces más a aquella bella persona de ojos cafés y nariz redondita.
Hay vida en tus sueños que me inspiran a volar, mar en forma de nubes y besos de algodón que me hacen soñar cada vez más.

Vian sonreía pero eso no evitaba que viese sus ojos tristes, apagados y sin vida. Sus piernas largas, morenas y torneadas no se veían como siempre a pesar de ser tan lindas, ni su cintura, ni sus pechos grandes y firmes. A pesar de que yo la amaba me costaba trabajo quererla así, es que ni toda su belleza hacía que sus ojos recuperaran la alegría y aunque yo lo pensara de mil maneras, llegaba sólo a una conclusión, era la mujer más guapa pero a la vez la más triste que yo había conocido.

- No te preocupes por mi, corazón - me decía - yo ya tengo tiempo por ahí vagando y es hora que recupere el descanso porque mis hombros pesan mucho ya.

- Pero Vian... ¿Qué piensas hacer? Es que tu... me importas mucho.

- Nena, eres tan inocente a veces... Yo quisiera ofrecerte más cosas pero algún día volarás como todas las aves que tienen un destino y no como yo, que sólo soy un ave de paso.

Me besó. Un beso largo y amargo pero a la vez fuerte y con decisión.

- No quiero ser cruel contigo chiquilla. Pero yo como ave de paso tengo que seguir, quizás sola o con otra persona, tu no significas tanto para mi... Tengo muchas cosas por hacer y tu me sirves de consuelo, pero apenas me aburras te diré te vayas, como a todos les he dicho... Eres la primera mujer en mi vida, como yo de la tuya, pero eso no significa que estaré siempre contigo, corazón...

- Lo entiendo - dije, mientras dos lagrimas resbalaban por mis mejillas - lo entiendo...

- Pero no llores, porque me pones sentimental y sería capaz de prometer cosas que nunca cumpliré o peor aún, decirte que no te vayas nunca porque tu presencia es necesaria para mi

- Porque tú sabes que es necesaria pero no me quieres en tu vida porque temes...

- Claro que temo, temo de amarte tanto que sobrepase los límites que tengo que respetar, yo sólo he sido una miserable persona, que folla con otros para sentirse un poquito a gusto con su vida de mierda... no me entiendes porque nunca pasaste por eso - reclamó - eres una tonta porque no conoces de nada de la vida...

- Ven, te abrazaré todo lo que necesites y luego me iré así como me has dicho - la besé - te acompañaré lo que sea necesario, mis pasos de cualquier forma te seguirán a ti.

Recostada en mi pecho comenzó a decirme cosas tontas y sin sentido, absurdas que escondían toda su verdad, lloraba poco ya. Su respiración era más o menos normal pero su corazón seguía apretujado, intentado estallar sin saber como.

- Cuando niña estuve condicionada a lo que mis padres querían y no amé a nadie más que a ese muchachito tierno. Recuerdo las perversiones a las que me sujetaba mi padre cuando mamá se iba de casa o cuando mamá me contaba todas las cosas malas que mi padre hacia atrás de su espalda... Tu no sabes cuanto odio hasta la misma familia que tuve, que me obligaron a vestirme de tal y cual manera o de ser la niña tierna y bonita que permanece como maniquí - pauso para tragar saliva - estoy acostumbrada a lo fácil, a pensar diferente o quizás no pensar, a sobrevivir en lugar de vivir, a sujetarme a deseos ajenos, a prestar mi sexo para aliviar penas que no son mías, a eso estoy acostumbrada.

Siguió llorando mientras yo permanecía en silencio escuchándola...

- Mi sexo es igual de inútil que yo porque no ha servido para nada, mas que darme tristezas mientras ellos se burlan de mi. Cuando niña yo siempre tuve que ser obediente, sumisa, aprender a ser toda una dama, pero en lo que me he convertido es todo lo contrario, sólo voy por ahí rodando. Dinero no me hace falta, pero si me hace falta algo que el dinero no puede comprar. Sigo siendo triste...

- Pero Vian, aún hay vida bajo tus mutiladas alas de colibrí, aún tienen ese encanto nadando ahí. Aún puedes soñar, volver a vivir. No te dejes morir de esta forma. ¡Vian! Aún hay  vida ahí en tus ojos y en tus manos, en mis cejas y tu mirada... por favor, no me dejes aquí como tonta esperándote siempre...

- No, nena, para mi ya no hay más oportunidades, en doce mil días no he logrado nada, menos ahora.

- Tienes doce mil más - rogué - sólo dame otra oportunidad.

- No, nena. Abrázame, tu lo dijiste, estarás hasta que yo te necesite y puede que si sean doce mil días más...








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