viernes, 31 de mayo de 2013

Fugaz.


Típico 14 de Febrero, la gente preparándose, riendo de felicidad, unos tristes, estúpidos como yo.Que no tienen a quien regalarle algo y que nadie le regala nada. Un día de esos en que quedé con una amiga como yo, de ir al bosque de Chapultepec junto con otros y luego dirigirnos a su casa. Haríamos una fiesta para celebrar el puto día del amor y la amistad, lo que en realidad era el pretexto perfecto para embriagarnos y algunos poder follar a gusto con quien quisieran, la gran organización de homosexuales entre mis amigos, podías tocarte con quien quisieras, robarle besos, meterte en sus sábanas a media noche y no pasaría nada. Ese era nuestro famoso día del amor y la amistad. En ese entonces, con 16 años, escribía ya, en el autobús, en el metro siempre llevaba una libreta de apuntes, cualquier cosa se me ocurría, la anotaba y tenía una idea nueva. Está vez el viaje era aburrido, abordé el 'micro' junto con varios amigos, todos hombres, platicaban cosas de comics y demás, lo cual en ese momento me pareció lo más putamente aburrido del jodido mundo a pesar que la mayoría de veces yo empezaba a sacar esos temas. Saqué mi libreta y comencé a dibujar, cosas tontas, como muñequitos de palo y círculos.

Bajamos del camión, guardé la libreta y abordamos el metro, estación Pantitlan. Abordó un joven, de 23 o 25 años a lo mucho, moreno claro, ojos profundamente negros, sentí palpitar mi corazón, mi entrepierna. Tonto, estúpido, sentí atracción. Lo observé de reojo, era guapo, una nariz fina, ligeramente del lado, mentón un tanto cuadrado y pestañas largas y negras. Tanta era mi insistencia, que se dio cuenta. Pero no hizo más que regalarme una mirada coqueta y una sonrisa ligera. Me sonrojé, era tremendamente atractivo. Saco un libro de su mochila y comenzó a leer "Aura" de Carlos Fuentes. Ojeaba rápidamente, parecía que no lo leía. Se desocupo el asiento del lado de él, me levanté por inercia y me senté de su lado. Comenzó a sonreír, mientras meneaba su cabeza haciendo un gesto gracioso. No sabía que decir, lo más lógico era "Buen libro" como todo estúpidx queriendo ligar.

Aunque yo conocía perfectamente ese libro, porque me encantaba. Sentí las mejillas calientes y un fuerte palpitar, quería tocar su mano, besar sus labios tremendamente bonitos, se veían carnosos, y esos hoyuelos cuando sonreía, quería pasar mi dedo sobre ellos, mirarle a los ojos, no atine a decir nada, las estaciones seguían y yo estaba como estúpida observándolo.

Hasta que me decidí, estación San Lázaro: "¿qué tal el libro? Es muy bueno ¿no? Donceles, maravilloso lugar..."
Yo queriéndome hacer la interesante,  buscando tema de conversación, volteó con una sonrisa pícara, algo sonrojado y dijo: "Es excelente, me encanta". Sonreí y comenzamos a dialogar sobre el libro, pretexto estúpido para dos estúpidxs. Se declaró admirador de Marques de Sade, como yo y mencionó varias frases de el. Salto del Agua, ya íbamos cerca, me pregunto a donde me dirigía: "Chapultepec" contesté casi al instante, no sé si fue casualidad o lo decidió y dijo que me acompañaría con todos mis amigos. Balderas, Cuahutemoc, Insurgentes, Sevilla, llegamos al lugar. Caminamos rumbo al bosque, al lado del lago.

Mis amigos comenzaron a preparar cosas, armar planes, que haríamos, yo los dejé, me fui sin avisar con el moreno de mirada penetrante y misteriosa, llegamos a una parte apartada del bosque, típico refugio de los 'enamorados' en el día tan jodidamente especial. Nos sentamos en una banca de cemento y comenzó a acariciar mi cabello, dijo que era precioso, color negro como la noche y me abrazo. Sentía especial atracción y con su sólo rozar de sus dedos sentí una explosión. Me beso ligeramente, sus labios gruesos devoraban los míos, de manera muy dulce y tierna.

De los besos pasamos a las caricias, cada vez más atrevidas, sentí su dureza en mis manos, sentí como crecía con más vigor, él sentía mi humedad a través de la ropa. Estaba cada vez mejor todo, pero de pronto llego un policía en su cuatrimoto, advirtió que no siguiéramos, que era un lugar público y una persona reportó lo que hacíamos. Decepcionados, nos fuimos.

Mis amigos ya me buscaban, era hora de irnos y no me encontraban por ningún lado. Cuando salimos del lugar, el ya me tomaba de la mano y abrazaba. Mis amigos se sorprendieron, pero yo no respondí a nada de lo que preguntaban, en el subterráneo se despidió de mi, me dijo que le había encantado la experiencia, que jamás lo había hecho y le fascino, me acarició los labios, me dijo que nos veríamos pronto, que lo presentía. Casi cuando iba a abordar, le pregunté su nombre, entro al gusano naranja y escribió en un papel algo, que me arrojó por la ventanilla. El papel giró en el aire, dio varias vueltas y por más que corrí no alcancé a tomarlo, cayó en las vías del metro... Hasta ahora sigo esperando encontrármelo de nuevo...






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